Tomando Nuestras Ciudades

cityimage“Dios quiere que tomemos nuestras ciudades “  ¡Wow! ¡Qué frase misionera tan poderosa!  Es emocionante.   Me motiva.  De eso es de lo que los sueños están hechos.   Pero cuando tomo un momento para pensar en lo grande que realmente es una ciudad, y considero los factores involucrados: religión, educación, política, cultura, etc., mi momentáneo  entusiasmo  decae.

“¿Por qué pienso que yo haré alguna diferencia en algo tan grande? ¿Cómo puede mi minúsculo esfuerzo hacer si quiera una grieta en una muralla tan formidable?”

De un momento a otro, me convierto de soñador a escéptico.

¿Cómo puedes tomar tu ciudad?  Con riesgo a sonar a cliché: de la misma manera  que te comes un elefante, ¡de mordida en mordida!  Puedes burlarte y pensar que simplifico demasiado. Pero comer es una actividad que tendemos a subestimar.  Tú, lector, en tu capacidad individual, comes aproximadamente 2,000 libras de comida en un año.  ¡ESO es un elefante! De mordida en mordida, día tras día, vas sumando.

Josué enfrentó a una ciudad. Una ciudad que no solamente era grande, ¡tenía una muralla MUY GRANDE! Dios no guió a Josué a conquistar la ciudad en un día. No lo logró con una canción inspiradora. El plan estratégico de Dios era tomar la ciudad de Jericó paso a paso de obediencia.  Una mordida a la vez.

Tu obediencia, tal como el comer, a veces se subestima.  Tú puedes cambiar la atmósfera de tu ciudad cuando vas dando pasos de obediencia.

Hace algunos años, supe de una mujer que estaba muriendo de un tumor en el cerebro.  Yo no la conocía, y a su esposo lo conocía muy poco;  había hecho algunos trabajos en nuestro horno.  En cuanto escuché de ella, supe que Dios me estaba diciendo que fuera a su casa y le ministrara en alabanza y adoración. ¡Imagina lo extraño que fue llamar al técnico y decirle, “yo canto, y a mi esposo y a mí nos gustaría ir a su casa y ministrar a su esposa!”  Bueno,  en caso de que te preguntaras si fue extraño,  sí que lo fue,  y bastante.  Él era un hombre muy agradable, así que nos dio las indicaciones para llegar a su casa.

Cuando llegamos, yo no estaba segura de cómo proceder.  Simplemente sabía lo que Dios me había dicho que hiciera, y estaba decidida a hacerlo.  Nos llevaron a la habitación donde la mujer estaba recostada.  Estaba tremendamente inflamada, y nos dijeron que no nos podía responder. Su hijo de nueve años estaba recostado junto a ella.  Le tomó la mano, y nos observaba con curiosidad.  Sin poder hacer más, empezamos a cantar.  Mientras cantábamos, la presencia de Dios descendió a la habitación. De pronto, ya no estaba cantando en una habitación con una mujer a punto de morir, sino que estaba adorando, rodeada del cielo.  Parecía que una nube giraba dentro de la habitación acercando a nosotros a la eternidad.  Nunca olvidaré ese momento.

Una semana más tarde, la mujer murió. No era lo que yo esperaba.  Pensé que lo menos que Dios podía haber hecho era levantarla, puesto que yo había obedecido.  Pero eso es lo gracioso de las grandes victorias.  Tus pequeños pasos de obediencia no son aplaudidos. Usualmente no se notan. Parecen pequeños, insignificantes e ineficientes.  PERO ESOS PASOS VAN SUMANDO.

Un polvoso paso a la vez,  rodeando la muralla, algo está cambiando. Tal vez algo en TI está cambiando; tal vez algo en tu Jericó está cambiando.  ¡Pero sigue caminando!

Imagina como seria si cada uno de nosotros viviera una vida de obediencia consistente y radical. Mientras yo le ministraba a la esposa de nuestro reparador, tu podrías estar ministrando a uno de tus compañeros de trabajo, o a un amigo de la universidad.

Tal vez trabajas en un hospital como enfermera, o eres maestro en una escuela. Tal vez eres mecánico o empleado en una tienda. Tal vez tienes un negocio propio o trabajas para el gobierno. Todos los días escuchamos las necesidades de la gente a nuestro alrededor. Yo creo que donde quiera que estés ahora, Dios quiere usarte como una influencia mayor en la vida de otros. A medida de que contestemos al llamado urgente del Espíritu Santo, ESTAREMOS CAMBIANDO LA ATMOSFERA ESPIRITUAL DE NUESTRA CIUDAD!

Poco a poco, de mordida en mordida, estás siendo parte de una estrategia divina para conquistar tu ciudad.   ¡No estás solo!   Todos nosotros vamos caminando juntos, un paso de obediencia a la vez.  Tal vez como individuos parecemos pequeños, ¡pero juntos somos una fuerza con quien nadie se mete!  No permitas que el elefante de tu ciudad te intimide.  Únete a nosotros para poseerla  ¡de mordida en mordida!

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